Guarda griega

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sábado, 6 de junio de 2015

Atalanta y la carrera mortal contra los pretendientes

Sobre el mito de Atalanta existen al menos dos versiones; una correspondiente a la provincia griega de Arcadia y la otra a la provincia de Beocia. La historia de Atlanta está compuesta de varias sucesos, aunque sólo dos son centrales: su participación en la cacería del jabalí de Calidón y la carrera contra los pretendientes. Robin Hard señala que la primera aventura podría ser un mito arcadio y el de la carrera de origen beocio. Y podría darse el caso entonces de que  originariamente hubiera habido dos Atalantas distintas. Aquí vamos a relatar básicamente el mito de la carrera contra los pretendientes suponiendo que hubo sólo una Atalanta, como hacen Pierre Grimal, Hard y otros.

Su padre, Esqueneo (o Yaso, o Ménalo) sólo quería hijos varones y cuando nació Atalanta la hizo abandonar en el monte Partenio. Habría muerto de no ser porque una osa iba a menudo a donde ella estaba y la amamantaba. Así sobrevivió hasta que la recogió un grupo de cazadores. Ellos la criaron. Ya mujer, Atalanta se quedó allí, viviendo en una cueva y cazando.

Una noche dos centauros, llamados Roico e Hileo, entraron borrachos en su cueva para violarla. Advertida por la luz de sus antorchas, ella los esperaba preparada y los mató con sus flechas.

Participó de la cacería del jabalí de Calidón y fue allí el primer cazador que logró herir a la bestia, recibiendo como premio, de parte de su matador, Meleagro, los despojos del jabalí. Véase:


También formó parte de los juegos fúnebres en honor a Pelias, que tuvieron lugar en Yolco, bajo el gobierno de Acasto. Atalanta allí venció a Peleo, el padre de Aquiles, en la competencia de lucha. O tal vez venció la competencia de carrera.

Atalanta había decidido no casarse porque un oráculo le había vaticinado que de hacerlo se transformaría en animal, o porque había decidido seguir el ejemplo de su diosa patrona, Ártemis, cazadora y virgen. Por eso, para ahuyentar a los pretendientes los desafiaba a competir con ella en una carrera. Ella partía detrás de ellos, y armada, dándoles así doble ventaja. Si su competidor ganaba la carrera, podía reclamar la mano de Atalanta, pero si ella los alcanzaba, los atravesaba con su lanza. Apolodoro cuenta que Atalanta debía cubrir con su carrera un estadio, en tanto que sus pretendientes debían recorrer la mitad de esa distancia, pariendo del lugar marcado por una lanza que Atalanta clavaba.

Mató a muchos pretendientes, hasta que la desafió   Hipómenes, hijo de Megareo (o Melanión, hijo de Anfidamante). Este suplicó a Afrodita que lo ayudase a conseguir a la esquiva cazadora y la diosa le dio tres manzanas de oro, tomadas de un árbol que se alzaba en Chipre, o tal vez manzanas del jardín de las Hespérides. Hipómenes debía dejarlas caer durante la carrera para retrasar a Atalanta. Así cada vez que Atalanta lo alcanzaba con su lanza lista para atravesarlo, Hipómenes soltaba una manzana y la cazadora, al detenerse a juntarla lo dejaba volver a ganar distancia. Atalanta se detuvo a recoger las manzanas caídas por curiosidad o quizá porque se había enamorado de Hipómenes.

Así Hipómenes ganó la carrera, y con ella ganó su propia vida y a Atalanta.

Según se cuenta, tiempo más tarde, durante una cacería, los dos esposos se refugiaron en una cueva, que era templo de Zeus o de Cibeles, para saciar su pasión. Zeus indignado por esa profanación, los convirtió en leones. En la antigua Grecia se creía que los leones no se apareaban entre sí, sino con leopardos.


Atalanta tuvo un hijo de Hipómenes, o de Meleagro (ver la cacería del jabalí de Calidón), o de Ares, llamado Partenopeo.

Fuentes:
Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana
Robin Hard: El gran libro de la mitología griega
Apolodoro: Biblioteca mitológica

   Guarda: Escudos y lanzas

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